La mañana se vistió de nostalgia y promesas para los alumnos de Cuarto Medio del Colegio Cardenal Antonio Samoré, marcando su último día oficial como estudiantes. La jornada comenzó con un íntimo y emotivo desayuno, un momento crucial donde risas nerviosas y abrazos sinceros se mezclaron con el aroma del café, sirviendo como el primer hito de una despedida cargada de significado. Acto seguido, la comunidad se congregó para una solemne y profunda Celebración Eucarística, donde las plegarias de agradecimiento por el camino recorrido resonaron en el templo, pidiendo bendiciones para los nuevos rumbos que emprenderán. Fue un espacio de intensa reflexión, un ancla espiritual antes de zarpar, haciendo hincapié en los valores y la formación que el colegio ha sembrado en cada uno. La emoción era palpable, preparando el espíritu para el grandioso e irrepetible adiós.
El clímax de esta jornada trascendental llegó con la espectacular y conmovedora despedida que el resto de los estudiantes del colegio les tenía preparada. Los pasillos y rincones del Cardenal Antonio Samoré se transformaron en un túnel de honor vibrante, donde desde los más pequeños hasta los cursos intermedios se alinearon fervientemente, agitando con entusiasmo una marea de globos blancos, símbolo de pureza, paz y el inicio de un camino inédito. Este apoteósico y simbólico acto culminó en el patio principal, donde los egresados fueron recibidos por el amor incondicional y orgulloso de sus padres. Ver el rostro de sus hijos cruzar ese umbral final, siendo vitoreados por toda la comunidad, fue un instante de felicidad desbordante y lágrimas de orgullo. Con ese encuentro familiar, se cerró oficialmente el capítulo escolar, abriendo un futuro ilimitado y brillante para la generación 2025.




































































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